14 mayo 2022

/ VR148 / Alcarràs

Los antecedentes de Alcarràs la hacían una de las películas españolas del año: Oso de Oro en el Festival de Berlín, lo que la mete ya en la historia del cine español, además de ser el segundo largometraje de Carla Simón tras su muy celebrada Estiu 1993. Si en esa película Simón recreaba su infancia, en Alcarràs no se aleja de lo que ya es una marca autoral: los recuerdos, la familia, la tierra...

Esta vez su mirada se traslada a los terrenos que su familia tiene en la zona de Alcarràs, en la provincia de Lleida. Y ahí es donde Simón ha ubicado su película, narrando la historia de una familia de payeses que están a punto de perder las tierras que llevan décadas trabajando durante décadas. Carla Simón redobla su apuesta por el naturalismo contando con actores no profesionales y armando una película compleja pero a la vez sencilla y emocionante.

Hoy, con la presencia de José Cámara y Merche Montero, el programa de Vivir Rodando está dedicado a una de las películas españolas del año, Alcarràs.

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07 mayo 2022

/ VR147 / Eloy de la Iglesia

Entre los muchos directores españoles que desarrollaron su labor durante la Transición, o entre los años del fin del franquismo y la llegada de la democracia, hay que destacar al guipuzcoano Eloy de la Iglesia. Sus películas, rodadas principalmente en  la década de los 70 u 80, eran provocadoras y poco complacientes, con el sexo, con la homosexualidad como gran protagonista, la violencia, las drogas y la verdadera y cruda realidad social española como ejes principales, ya fueran thrillers, dramas o melodramas. 

Su mirada certera y sin adornos, aunque con gran sentido cinematográfico, ha hecho que su obra haya conservado toda su fuerza, siendo no solo un reflejo de una España que supuestamente no existe, sino haciéndonos reflexionar sobre si el país que Eloy de la Iglesia reflejó en El pico, Los placeres ocultos o La criatura no ha cambiado tanto como creemos. 

Aunque buena parte la filmografia del director vasco contó con el favor del público, el cineasta no pudo realizar todos los proyectos que quiso. El más mítico de todos ellos fue Galopa y corta el viento, guion escrito por Eloy de la Iglesia y su guionista habitual Gonzalo Goicoechea, que narra la historia de amor entre un guardia civil y un abertzale en Euskadi. La película, que el director intentó levantar en los años ochenta, nunca vio la luz. 

Felizmente, la editorial Niños gratis ha recuperado el guion de Galopa y corta el viento en una edición crítica escrita por Eduardo Fuembuena, donde además de analizar el proyecto fallido, Fuembuena repasa y analiza las figuras de Eloy de la Iglesia y Gonzalo Goicoechea. 

Hoy, con la presencia de Pepe Aracil y Javier García-Herrero, Vivir Rodando está dedicado a la figura de Eloy de la Iglesia. Un cineasta cuya obra, tan cruda como emocionante, sigue más viva que nunca, porque pocos cineastas han sido tan valientes en retratar a un país y unas personas que generalmente suelen ser olvidadas y desplazadas.

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03 mayo 2022

Resumen 2022 (Abril)

 PROGRAMAS VIVIR RODANDO 2022 (abril)

Programa 146 (Mimosas)

Invitado: Santiago Fillol

  VISIONADOS 2022 (abril)

Estrenos en España 2022 (destacadas/recomendadas)



 

 

 
 

Competencia oficial (Gastón Duprat, Mariano Cohn, 2021)
Licorice Pizza (Paul Thomas Anderson, 2021)
The Batman (Matt Reeves, 2022)
The Beach Bum (Harmony Korine, 2019)

No estrenos en España 2022 (destacadas/recomendadas)
 

Another Year (Mike Leigh, 2010)
Con los ojos cerrados (The Happy Ending, Richard Brooks, 1969)
El árbol, el alcalde y la mediateca (L'arbre, le maire et la médiathèque, Éric Rohmer, 1993)
El detective y la doctora (They Might Be Giants, Anthony Harvey, 1971)
Grass (Hong Sang-soo, 2018)
Juego de amor prohibido (Eloy de la Iglesia, 1975)
La hija (Manuel Martín Cuenca, 2021)
La hora del lobo (Vargtimmen, Ingmar Bergman, 1968)
Los placeres ocultos (Eloy de la Iglesia, 1977)



 

 

 

 


Manhunter (Michael Mann, 1986)
Nadie oyó gritar (Eloy de la Iglesia, 1973)
Psicosis III (Psycho III, Anthony Perkins, 1986)
Tiempo (Old, M. Night Shyamalan, 2021)
Una historia inmortal (The Immortal Story, Orson Welles, 1968)
Una mujer bajo la influencia (A Woman Under the Influence, John Cassavetes, 1974)
Voces de muerte (Sorry, Wrong Number, Anatole Litvak, 1948)

Regreso a la zona de confort

39 escalones (The 39 Steps, Alfred Hitchcock, 1935)
El hombre que nunca estuvó allí (Joel Coen, 2001)
La muerte de vacaciones (Death Takes a Holiday, Mitchell Leisen, 1934)
La semana del asesino (Eloy de la Iglesia, 1972)

  LECTURAS CINEMATOGRÁFICAS 2022 (abril)

Memorias del tío Jess (Jesús Franco, 2004)

-

Gil y Jardiel son tres (Sr. Feliú, Documentitos de un indocumentado)
La vida de Brian lleva más de cuatro décadas enseñándonos a mirar el lado luminoso (Noel Ceballos, GQ)


 
Cry Macho (Jaime Lorite, Letterboxd)
El desencanto (Pedro Toro, Letterboxd)
Licorice Pizza (Anxo F. Couceiro, Letterboxd)
Old (Endika Rey, Letterboxd) 
Sinfonía erótica (AlexZ, Letterboxd)
The Batman (Jaime Lorite, Leterboxd)
The Green Hornet (Kiko Vega, Letterboxd)

09 abril 2022

/ VR146 / Mimosas

Hace seis años aparecía una película extraña y mágica en el panorama del cine español más autoral. Su extraño título anunciaba la singularidad de la propuesta: Mimosas. La obra venía de un cineasta gallego llamado Oliver Laxe, que ya había hecho ruido internacional con Todos vosotros sois capitanes, un documental/ensayo rodado en Marruecos, lugar donde también sucedía Mimosas y que hacía que la película no tuviera la mirada del turista o el extraño. Laxe no era un invasor. 

Mimosas narra el viaje de una caravana de personas, primero, y luego de dos por el desierto marroquí. Aunque más allá del argumento, el largometraje, que es una mezcla de película de aventuras, western y obra espiritual, es una experiencia sensorial y poética que habla sobre la fe. Misma fe que tuvieron que tener los miembros del rodaje, con equipos y repartos casi amateurs. Ese rodaje ha dado pie a un reciente libro que rememora el rodaje de Mimosas: La debilidad de creer. Diario de rodaje de Mimosas, editado por Kriller71 ediciones dentro de su colección Mula plateada. El libro está escrito por el cineasta nacido en Argentina y afincado en España, Santiago Fillol, coguionista y ayudante de dirección en Mimosas, que ha elaborado un libro poético, poco complaciente y hermoso sobre la locura que es la creación en imágenes. 

Mimosas caló entre la crítica y festivales, con premios en Cannes o Sevilla, dando a conocer el nombre de Oliver Laxe al mundo del cine autoral español. Tras Mimosas, el mismo equipo cambiaría Marruecos por Galicia para rodar O que arde, otra película de difícil rodaje, pero con todavía mayor éxito de crítica y premios, además de un sorprendente buen rendimiento en taquilla. 

El programa 146 de Vivir Rodando cuenta con la presencia de Santiago Fillol para hablar de su libro La debilidad de creer. Diario de rodaje de Mimosas, además de recordar tanto el rodaje como la propia Mimosas, una película poética del cine de aventuras como viaje interior y una de las obras más importantes del cine autoral español de la pasada década. Como extra, Fillol habla sobre su participación el libro colectivo editado por Cátedra, El deseo femenino en el cine español (1939-1975).

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06 abril 2022

Resumen 2022 (Marzo)

 PROGRAMAS VIVIR RODANDO 2022 (marzo)

Programa 145 (Theremin)

Invitado: Javier Díez Ena

  VISIONADOS 2022 (marzo)

Estrenos en España 2022 (destacadas/recomendadas)  



 

 

 

 

Aguas profundas (Deep Water, Adrian Lyne, 2022)
Belle (Ryū to Sobakasu no Hime, Mamoru Hoshoda, 2021)
The Beta Test (Jim Cummings, PJ McCabe, 2021)

No estrenos en España 2022 (destacadas/recomendadas)

¡Al abordaje! (À l'abordage!, Guillaume Brac, 2020)
Algo amargo en la boca (Eloy de la Iglesia, 1969)
Asuntos privados en lugares públicos (Coeurs, Alain Resnais, 2006)
Dr. Jekyll y su hermana Hyde (Dr. Jekyll and Sister Hyde, Roy Ward Baker, 1971)
El poder del perro (The Power of the Dog, Jane Campion, 2021)
Excelentísimos cadáveres (Cadaveri eccelenti, Francesco Rosi, 1975)
La criatura (Eloy de la Iglesia, 1977)



 

 

 

 

La tía Tula (Miguel Picazo, 1964)
La Vía Láctea (La Voie Lactée, Luis Buñuel, 1969)
Memorias del ángel caído (David Alonso, Fernando Cámara, 1997)
Na srebrnym globie (Andrzej Zulawski, 1988)
Ola de crímenes, ola de risas (Crimewave, Sam Raimi, 1985)
Oleanna (David Mamet, 1994)
Vivir sin aliento (Breathless, Jim McBride, 1983)

Regreso a la zona de confort

A vida o muerte (A Matter of Life and Death, Emeric Pressbrger, Michael Powell, 1946)
La última noche de Boris Gruschenko (Love and Death, Woody Allen, 1975)
Ronin (John Frankenheimer, 1998)
Matrix (The Matrix, Lilly Wachowski, Lana Wachowski, 1999)

  LECTURAS CINEMATOGRÁFICAS 2022 (marzo)

El deseo femenino en el cine español (1939-1975): Arquetipos y actrices (Varios autores, 2022)
Galopa y corta el viento (Eduardo Fuembuena, Eloy de la Iglesia, Gonzalo Goicoechea, 2022)

-

Hip, hip, Hope! (Jordi Batlle Caminal, Sopa de ganso)
Las películas (Alberto Haj-Saleh, Libro de notas)
María Félix llega a España contratada por Cesáreo González (Sr. Feliú, Documentitos de un indocumentado)
Pan Nalin: El nómada del cine indio (Enrique Garcelán y Víctor Muñoz, Cine Asia)
Que nos miren (Noah Benalal, Medium)



A History of Violence (Kiko Vega, Letterboxd)
Belfast (Anxo F. Couceiro, Letterboxd)
Ciclo James Bond 007 (Jaime Lorite, Letterboxd)
Demonlover (Marina, Letterboxd)
Fever Pitch (Jaime Lorite, Letterboxd)
King Richard (Endika, Letterboxd)
La criatura (Christian Doig, Letterboxd)
Madres paralelas (marcelo, Letterboxd)
Man of Steel (Kiko Vega, Letterboxd)
Spencer (slayerkinney, Letterboxd)
The Matrix (Kiko Vega, Letterboxd)
Watashi wo kuitomete (slayerkinney, Letterborxd)

22 marzo 2022

'Las cortinas son invencibles' en la librería Ocho y medio (Jueves 31 de marzo / Madrid)

El próximo jueves 31 de marzo (a las 19:00) habrá una presentación/charla de Las cortinas son invencibles en la icónica librería madrileña dedicada al cine Ocho y medio. Me acompañará el periodista y cineasta Samuel Alcarcón, además de todo el que se quiera pasar por allí esa tarde.  

19 marzo 2022

'Algo para recordar', treinta años después: Toxicidades entre Leo McCarey y Robert Aldrich

Uno solo quería pasarlo bien. Como aquella vez en los años noventa, sin esperar fuegos artificiales ni nada espectacular, pero tampoco sin superioridad ni una mirada condescendiente. No hay que engañar tampoco, uno tiene esa espera o curiosidad, cuando vuelve a ver una película, de comprobar cómo ha quedado la cosa tras un tiempo. Y, si el tiempo es prolongado, ocurre algo que puede llegar a ser contraproducente: tener una suerte de nostalgia realmente siniestra (como casi siempre que funciona la nostalgia, claro). Esa noche que me puse Algo para recordar el objetivo era tan simple como un sencillo disfute.  

Para ello tenía que retrotraerme a los años noventa. No la vi en cine en su momento, pero no mucho más tarde — pongamos en el 97 o 98 —, con lo cual se puede decir que la había visto en su época. Algo para recordar — qué pena que no se mantuviera o tradujera el estupendo título original (Sleepless in Seatlle) — fue un gran éxito de taquilla y crítica; el gran triunfo de la pareja Tom Hanks-Meg Ryan. Curiosamente este dúo quedó en el imaginario como una pareja mítica de la comedia romántica de los noventa, aunque en realidad solo realizaron tres películas juntos y algo espaciadas en el tiempo. La muy reivindicable Joe contra el volcán (1990) fue un fracaso de taquilla; Tienes un e-mail (1998), en cambio, aunque funcionó por el tirón de la pareja, no fue una sensación entre la crítica y el público. Con lo cual esta pareja — siempre comparada con otros duos míticos como Doris Day y Rock Hudson o Katherine Hepburn y Spencer Tracy — solo tuvo un verdadero éxito realmente, y en una película donde (spoilers, obviamente) solo coinciden en la última escena de la película. Eso sí, el éxito fue espectacular. Gran rendimiento de taquilla en buena parte del mundo, más que alta valoración de la crítica, nominación al premio Oscar para el guion de Nora Ephron (además de otros premios)...

En Algo para recordar el trío mágico que formaron Nora Ephron, Tom Haks y Meg Ryan funcionaba a pleno rendimiento. Nora Ephron, guionista lista y audaz como el demonio, dio con la tecla para saber llevar/manipular con originalidad a un público noventero ávido de comedias románticas. (Nota: ¿Algún día se podrá ver con normalidad Un día de locos?). De Tom Hanks hay poco que decir, es nuestro James Stewart. Pero más allá de eso, sus papeles netamente cómicos en los inicios de su carrera corresponden a toda una masterclass de talento, carisma y payasismo. Curiosamente, a Algo para recordar se la puede considerar en parte el fin de esta época, porque luego llegó Philadelphia... y el resto es historia. Para más información se puede mirar la lista que Kiko Vega creó para Letterboxd: Tom Hanks antes del SIDA / Tom Hanks después del SIDA. Aunque no está más de recordar que a Hanks durante un tiempo se le negó, en cierta manera, el pan y la sal de las mentes pensantes cinéfilas: demasiados Oscars, demasiado éxito, demasiado parecer buena gente... Se agradece que esa época o corriente de opinión haya desaparecido o, por lo menos, mitigado. Meg Ryan siempre es el lado más complicado del triángulo. La decadencia de su carrera, con proyectos cada vez menos interesantes o con éxito, tiene que ver con un viejo conocido: ser mujer y cumplir años. La actriz, que seguramente sea tan buena actriz como Hanks, fue marcada a fuego en la comedia romántica tras el descomunal éxito de Cuando Harry encontró a Sally... y a partir de ahí su campo de acción se redujo mucho. El nombre de Meg Ryan no decayó ni mucho menos tras Algo para recordar, ya que siguió siendo toda una estrella, pero cada año que pasaba era una paso más a su tumba cinematográfica. Errar el tiro con la comedia romántica (French Kiss), acertar el tiro con el mismo género pero sin la respuesta del público (Adictos al amor), dramas donde de lo que más se hablaba era de las relaciones turbias con su partenaire (Prueba de vida), intentos de reverdecer viejos laureles (Tienes un e-mail), remakes no muy acertados de películas europeas icónicas (City of Angels)... y sobre todo la sensación de que el campo de acción siendo mujer, al contrario que Hanks, era muy limitado; si fallas, no hay segundas oportunidades. Y, a partir de ahí, Ryan se encontró con bromas crueles sobre su rostro y sus operaciones de cirugía estética, y un oportunismo algo barato sobre las decisiones que tomó en su carrera. Porque parece ser que era un desastre que protagonizara En carne viva y hundiera así su carrera, sin tener en cuenta que lo que ocurrió es que protagonizó una película estupenda, hoy afortunadadamente reivindicada, a las ordenes de una estupenda directora. Los mismos que piensan/escriben que En carne viva es un horror cósmico que hundió la carrera de Meg Ryan (paternalismo que nunca falte) son los que aplaudirán el premio Oscar que presumiblemente ganará Jane Campion en unos días.   

Había pasado mucho tiempo, pero mis recuerdos, bastante vagos, de Algo para recordar eran agradables. Esa distancia temporal (¡casi treinta años!) hacía que prácticamente fuera a ver la película como la primera vez. Recordaba, claro, a grandes rasgos la trama: un viudo, Sam (Tom Hanks), que se traslada de ciudad porque es incapaz de superar la muerte de su esposa, contacta, por mediación de su hijo, con un programa de radio nocturno donde cuenta cómo lleva ese duelo. Entre las muchas personas que le escuchan hay una mujer, Annie (Meg Ryan), que, a pesar de estar a punto de casarse, se obsesiona con él. El hijo (un bastante ajustado y poco irritante Ross Malinger) cree que su padre necesita una mujer para salir de la situación en la que se encuentra. La comedia romántica ya está montada: la idea del amor como única salida para encontrar la luz y la estabilidad mental; aunque ese ideal romántico ni siquiera lo conozcas en persona (claro, para eso es un ideal). Por supuesto de toxicidades hablaremos más adelante.

La película estaba funcionando. La primera parte — o, mejor dicho, la primera parte de la primera parte — es bastante irreprochable, en especial en cómo se maneja, sin estridencias, con el duelo del personaje de Sam. Pero, poco a poco, algo empezaba a molestarme levemente por dentro. Primero, Sam empezaba a caerme algo gordo, cuando se supone que debía pasar al contrario, y más por el drama personal que sufre y porque lo interpreta alguien como Tom Hanks. La película son prácticamente dos historias en paralelo: la del personaje de Hanks y la de Ryan. En el otro lado, en el de Meg Ryan, no hay tantos problemas, quizá porque su parte es descaradamente más caricaturesca. Por ahí aparecen el prometido de Annie, Walter (Bill Pullman), un tipo estupendo, el hombre ideal, aunque con algún defecto físico como tener alguna alergia que otra (lo que convenientemente le aleja de la perfección). Y la mejor amiga de Annie, Becky (Rosie O'Donnell), lenguaraz y sin pelos en la lengua, que para eso están las mejores amigas, que le empuja a olvidar el sentido común y seguir ese “impulso amoroso”. Por supuesto que “el lado Ryan” también es de derribo, pero su parte más sainetera, y lo bien que está Meg Ryan, hace que se disfrute sin muchos miramientos. Pero algo sigue ahí, por dentro.

En un momento de la película una pareja de amigos de Sam, Greg (Victor Garber) y Suzy (Rita Wilson), le hacen una visita. Sentados a la mesa, Suzy recuerda el final de la mítica película de Leo McCareyTú y yo (la versión de 1957), que, por razones obvias, siempre está presente en Algo para recordar. En una estupenda interpretación, Rita Wilson — como todos saben, mujer de Tom Hanks — recrea emocionada  y entre lágrimas (atención spoilers) cuando en la película el personaje de Cary Grant descubre que no ha podido ir a su cita en el Empire State Building con Deborah Kerr porque se ha quedado paralitica tras sufrir un accidente acudiendo, precisamente, a esa misma cita. Después de escuchar a Suzy, tanto Sam como Greg estallan en carcajadas y reinterpretan la misma interpretación del personaje de Rita Wilson, por medio de lágrimas falsas, pero con la película Doce del patíbulo. A excepción de lo bien que está Rita Wilson, la escena resulta irritante, molesta y larga, donde Tom Hanks, y mira que es difícil que eso pase, ahonda en lo mal que estaba cayendo su personaje, además de pensar que el siempre eficiente Victor Garber es un miscasting de manual. Aunque cabe preguntarse, ¿por qué causaba tanta irritación un breve momento en una comedia noventera romántica, por muy famosa que esta fuera? ¿Había algún cambio en estos treinta años que hubiera provocado esto? ¿O es un simple caso de piel fina?


 

La “rancior” de ese momento de Algo para recordar es evidente. Se adjudica a Tú y yo la categoría de “película de chicas”, cuyo objetivo es hacer llorar a las mujeres, que son seres blandos y sensibleros (por tanto inferiores). Doce del patíbulo es, en cambio, una película de hombres, que son tipos duros y ajenos a las lágrimas, protectores de esas mujeres (por tanto superiores) que acaban llorando por cualquier nadería. Un enfrentamiento, además, entre dos clásicos indiscutibles del cine norteamericano; dos obras que cualquier persona, animal o cosa podría ver cientos de veces sin cansarse. Y sí, esta escena la ha escrito una mujer. Pero, ¿por qué tanta molestia? No tengo una máquina del tiempo, pero me imagino a mi mismo viendo esa misma escena hace treinta años y, seguramente, disfrutándola, esbozando una sonrisa o, por lo menos, no causándome ningún tipo de malestar. Afortunadamente, el mundo ha cambiado y los códigos son otros. No está mal que en las películas, aunque sean ficción, hayan cosas que te “molesten” porque no se adecuen a tu forma de ser o pensar. Eso no quiere decir que no se hagan cosas, que exista una especie de autocensura, porque, por mucho que se diga y repita, en los tiempos actuales se puede hacer, y en realidad se hace, de todo. Es más, me atrevería a decir que, en parte gracias a una democratización tecnológica, vivimos en uno de los tiempos de mayor creatividad. Otra cosa es que al que crea le afecte sobremanera la opinión de los demás hacia lo que crea. Seguro que a Nora Ephron, que de esto sabía un rato, le pareció una escena realmente divertida, o por lo menos inofensiva, cuando la escribió.

Pero hay algo incomodo en la “molestia” que produce esa escena. Uno se acaba preguntando si con el paso del tiempo uno no se acaba convirtiendo en una persona inflexible y de piel fina. Porque esa escena acabó contaminando casi todo el resto de lo que, no nos engañemos, una película que está bien. Pero, al final, uno no se acaba quedando con lo bien que Ephron escribe, o con ese final estupendo en el Empire State Building, por muy irreal y absurdo que sea, sino con la maldita escena de marras. A lo mejor esa supuesta “inflexibilidad” no es algo negativo, puede que sea un crecimiento personal. Porque, aunque hay una ola creciente de conservadurismo extremo, los jóvenes van a ser mejor y más tolerantes que lo que eran sus padres... o eso espera uno. Quizá el problema esté en la propia comedia romántica, uno de los grandes géneros del cine que también es uno de los más complejos. La comedia romántica ha tenido que convivir siempre con una suerte de toxicidad, algo que, nos guste o no, se podría decir que va en su ADN. El amor — heterosexual y entre personas blancas — llega entre dos personas opuestas en donde la rebeldía de la mujer se confunde con histerismo — rebeldía que acabará siendo aplacada por el hombre transformándola en una especie de sumisión —, y en el lado masculino el hombre mostrará que su dureza puede verse puntualmente rebajada para lograr “conquistar” a una mujer. Obviamente esto es injusto, de las miles de películas que la comedia romántica nos ha regalado hay cientos y cientos de variaciones. Pero no se puede negar que es un género que ha podido traer/normalizar unos modelos de conducta peligrosos o tóxicos para las relaciones sentimentales. La propia Ephron jugó con la idea de que los hombres y las mujeres no podían ser amigos sin haber atracción sexual entre ellos cuando escribió Cuando Harry encontró a Sally, siendo una de las ideas más perniciosas y peligrosas que ha podido dar cualquier obra de ficción. Al final, la comedia romántica casi es un género político.

En Algo para recordar tanto Annie como Sam tienen pareja durante algún momento de la película. Las dos parejas, curiosamente, tienen algún defecto aparentemente menor: la de Annie la alergia anteriormente mencionada, la de Sam una risa molesta. Con lo cual son dos modelos defectuosos que no aspiran al modelo de amor perfecto, sea lo que sea eso, que se merecen tanto Annie como Sam. Porque ellos son atractivos, inteligentes y exitosos, no merecen menos que una especie de pureza romántica; una pureza que será una constante en la comedia romántica. En realidad, Walter, la pareja de Annie, debería ser perfecto: un tipo con éxito, atractivo y buena persona. Pero Ephron nos coloca esa alergia casi al principio para avisarnos que los errores, aunque sean mínimos, se pagan. El caso de Sam es más agravante porque es su hijo el que le avisa que ese defecto ("se rie como una hiena") no es aceptable; alguien externo pero cercano para encauzarle “por el buen camino”.  Su padre le dirá que “no todo el mundo es perfecto”, aunque, por supuesto, no será con ella con la que acabe en la película. En cambio, tanto Annie como Sam, acabarán creyendo en un ideal fantasmagórico  del amor enamorándose de alguien a quien, en realidad, no conocen, pero que en sus mentes consideran que son la pureza. Incluso la película, para tener el lote completo, juguetea con la idea del amor a primera vista (!!!).

Los noventa, la época de Algo para recordar, fueron una época extraña, con el mundo intentando, sin saberlo del todo, acomodarse a lo que venía. La película de Nora Ephron fue una de las películas más exitosas de esa década siendo muy hija de su tiempo, por eso, de alguna manera, extraña, incomoda y fascina verla con los parámetros actuales, porque al final uno no sabe si le ha gustado o le ha horrorizado. Además, quizá la comedia romántica de los noventa u ochenta contenga más elementos problemáticos que la de los años treinta y cuarenta. La comedia romántica no ha muerto, sigue y seguirá existiendo porque el cine la lleva dentro. Aunque la mirada es otra — quizá más con la mirada puesta en la gente joven —, con afortunadamente multitud de variaciones del esquema conocido, además de alguna anomalía como, por ejemplo, Cásate conmigo — demostrando que Jennifer Lopez sigue a lo suyo independientemente de cómo se mueva el mundo  —, el romance cómico sigue estando presente. Está en la mano de los creadores no seguir alimentando toxicidades,  además de hacer recreaciones más igualitarias y, esperemos, que más realistas. Y quizá también los consumidores no debamos tomarnos todo “tan en serio” mirando con lupa cada escena o frase que vemos (o sí).

Tras Algo para recordar Tom Hanks se dispuso para pasar de actor exitoso a icono del cine norteamericano. Nora Ephron se dispondría a tener un tremendo fracaso con Un día de locos, no tardando en volver a la formula conocida (Tom Hanks y Meg Ryan no se conocen pero se acabarán enamorando) en Tienes un e-mail, no volviendo a conocer un éxito como el de Algo para recordar. Meg Ryan, seguramente sin sospecharlo, iba a ir desapareciendo paulatinamente de la industria cinematográfica. Estaba claro que, independientemente del talento de Hanks y Ryan, el destino de la actriz parecía marcado de antemano. En el plano real, la industria no entiende de romances idealizados.

Quizá Algo para recordar merezca un nuevo experimento: verla, si seguimos vivos, dentro de diez o quince años. Puede que pase algo tan inesperado como el amor que surge entre Tom Hanks y Meg Ryan, y la película se vuelva actual, moderna e incluso vanguardista. Porque el mundo está girando a una velocidad tan increíble que los parámetros cambian cada cinco minutos. O quizá hayamos dado la espalda a la desigualdad y la toxicidad, pudiendo verla con una sonrisa por su ingenuidad. Lo único que está claro es que la infame escena de Tú y yo contra Doce del patíbulo seguirá siendo aberrante. Porque Tú y yo y Doce del patíbulo están por encima de cualquier cosa.

05 marzo 2022

/ VR145 / Theremin

Hay música creada para productos audiovisuales que inmediatamente nos evoca algo: un sentimiento, una sensación, un misterio... La música de Nino Rota para El padrino, la de Mark Snow para Expediente X, la de Bernard Herrmann para Psicosis... hay cientos de casos. Caso aparte merece la música creada por un instrumento singular y casi mágico: el Theremin. Los sonidos ululantes creados por el instrumento que no se toca nos evocan al misterio que acompañaba su sonido: las películas de ciencia ficción y terror de los años 40 y 50. Pero eso no quiere decir que su sonido haya desaparecido; al revés, está muy vivo.

Creado en el año 1920 por el científico y músico Léon Theremin, el instrumento es un emisor de campos magnéticos que convierte en señal acústica la alteración de los mismos, pudiendo crear música solo con el movimiento de las manos. Este aparato no fue la única creación de Theremin: ahí está el Rhytmicon, creada junto a Henry Cowell, una de las primeras cajas de ritmos de la historia. Pero el Theremin, por lo menos a nivel popular, está por derecho propio en la historia. Ahí está el ejemplo de maestros como Miklós Rózsa o Bernard Herrmann, que dieron un histórico uso en obras como Recuerda o Ultimátum a la tierra.

Como se ha dicho antes, el Theremin no ha desaparecido. Un claro ejemplo lo tenemos en el música Javier Díez Ena. Es complicado resumir la carrera de Díez Ena en unas solas líneas. Miembro de las bandas Dead Capo, L'Exotighost, Ginferno y Forastero; estuvo en las bandas de Ainara LeGardon y Aaron Thomas, además de colaborar con músicos como Javier Colis, Wild Honey, Standstill... entre otros muchos. Pero, Javier Díez Ena, es un enamorado del Theremin, instrumento que descubrió en 2004. Con él ha publicado tres discos: Theremonial, Theremonial 2 y el más reciente Therematic. Además ha impartido talleres, participado en bandas sonoras y dado conciertos. El próximo 7 de junio de este año estará actuando en la sala Razzmatazz de Barcelona, dentro del Primavera Sound.

El programa Vivir Rodando 145, con la participación de Javier Díez Ena, se adentra en el misterioso, fascinante y algo desconocido mundo del Theremin.  
 
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01 marzo 2022

Resumen 2022 (Febrero)

 PROGRAMAS VIVIR RODANDO 2022 (febrero)

Programa 144 (Espíritu sagrado: Una mirada desde Elche)

Invitados: Chema García Ibarra, Leonor Díaz, José Cámara y Ángeles Gómez

  VISIONADOS 2022 (febrero)

Estrenos en España 2022 (destacadas/recomendadas)  


 

 

 

 

Drive My Car (Doraibu mai kâ, Ryûsuke Hamaguchi, 2021)
Un polvo desafortunado o porno loco (Babardeală cu buclucsau porno balamuc, Radu Jude, 2021)

No estrenos en España 2022 (destacadas/recomendadas)

8 mujeres (8 femmes, François Ozon, 2002)
Diego Maradona (Asif Kapadia, 2019)
El cielo sobre Berlín (Der Himmel über Berlin, Wim Wenders, 1987) 
El diablo probablemente (Le diable probablement, Robert Bresson, 1973)
El monstruo de las bananas (Schlock, John Landis, 1973) 
El pequeño príncipe (The Little Prince, Stanley Donen, 1974) 
El rey de Marvin Gardens (The King of Marvin Gardens, Bob Rafelson, 1972)



 

 

 
 

Japón bajo el terror del monstruo (Gojira, Ishirô Honda, 1954)
La lluvia del diablo (The Devil's Rain, Robert Fuest, 1975)
La mujer que escapó (Domangchin yeoja, Hong Sang-soo, 2020)
Madrid (Basilio Martín Patino, 1987)
Maixabel (Icíar Bollaín, 2021)
Nénette et Boni (Claire Danes, 1996)
Parents (Bob Balaban, 1989) 
Subway (En busca de Freddy) (Subway, Luc Besson, 1985) 
Tommaso (Abel Ferrara, 2019)
Zombi Child (Bertrand Bonello, 2019)

Regreso a la zona de confort

Buenas noches, y buena suerte (Good Night, and Good Luck, George Clooney, 2005)
El quinteto de la muerte (The Ladykillers, Alexander Mackendrick, 1955)
Femme Fatale (Brian De Palma, 2002)
Lifeforce, fuerza vital (Lifeforce, Tobe Hooper, 1985)
Origen (Inception, Christopher Nolan, 2010)

  LECTURAS CINEMATOGRÁFICAS 2022 (febrero)

A propósito de nada: Autobiografía (Apropos of Nothing, Woody Allen, 2020)

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Cine español en relieve, cosecha de 1953 (Sr. Feliú, Documentitos de un indocumentado)
Desnudos exigidos por la unidad total del film (o no tanto) (Sr. Feliú, Documentitos de un indocumentado)
Lina Romay (1954-2021), 10 Years Later... (Robert Monell, I'm in a Jess Franco State of Mind)  
Luis Buñuel y la masonería (por Amparo Martínez Herranz) (Jordi Xifra, En torno a Luis Buñuel)

Todos los artistas de Fernando Fernán Gómez (podcast) (Documentos RNE)


Death Warrant (Kiko Vega, Letterboxd)
• Domangchin yeoja (Jaime Lorite, Letterboxd)
Drive My Car (marcelo, Letterboxd)
Entre tinieblas (Sean Baker, Letterboxd)
Maixabel (Kiko Vega, Letterboxd)
Maixabel (Jaime Lorite, Letterboxd)

  EVENTOS CINEMATOGRÁFICOS 2022 

Marzo: Presentación del libro Las cortinas son invencibles en la librería Ocho y medio (Madrid) (Jueves 31 de marzo / 19:00)


 

19 febrero 2022

/ VR144 / Espíritu sagrado: Una mirada desde Elche

Una de las grandes películas españolas del año pasado fue sin lugar a dudas Espíritu sagrado, debut en el largometraje de Chema García Ibarra, el que ha sido y es uno de los grandes cortometrajistas del cine español. El mundo de García Ibarra, mezcla de costumbrismo, misterio y ciencia ficción, ha sido trasladado a la perfección en la película; como no contando con la ayuda de Leonor Díaz, directora artística de sus trabajos y pieza fundamental de su mundo cinematográfico. De nuevo también la ciudad de Elche ha sido el territorio ideal para que García Ibarra pueda llevar a cabo esta historia sobre desapariciones, familias y secretos; en donde lo local, Elche, su habla, sus lugares y ciudadanos, pasa a ser universal.

En el programa 144 de Vivir Rodando, desde la misma ciudad de Elche, en el restautante Parrés, con la colaboración de Ángeles Gómez, de Feedback Ciencia, y José Cámara, gran conocedor de la obra de García Ibarra y de Elche, y contando con la presencia de Chema García Ibarra y Leonor Díaz, intentamos desentrañar el misterio de Espíritu sagrado, de su vinculación de Elche y de por qué es una de las películas más fascinantes del cine español reciente.

► Para escuchar o descargar el programa pincha en: iVoox | Apple Podcasts | Spotify

05 febrero 2022

Maixabel/Mediterráneo: Lo necesario (o no)

De entre las cinco películas que lucharán el próximo sábado 12 de febrero por hacerse con el premio Goya a la mejor película, dos tienen una especie de hilo invisible que les une: Maixabel y Mediterráneo. Ambas tienen la capacidad de tocar conciencias y sentimientos, porque las dos apelan a acontecimientos y problemáticas muy recientes con las que solo un robot no podría salir conmovido, de alguna manera, tras verlas. Lo cual no quiere decir que, por lo menos con una de ellas, uno sienta que ha visto una buena o gran película (habría que comenzar preguntándose qué es una buena o mala película). Como ya todos saben a estas alturas, Mediterráneo habla sobre la crisis de refugiados en Lesbos y la participación de Òscar Camps y la organización Open Arms en el salvamento de vidas humanas, y Maixabel sobre los encuentros entre Maixabel Lasa, la viuda de Juan María Jáuregui, asesinado por ETA, y uno de los terroristas que participó en el asesinato de su marido.

Primero hay que decir que uno se lleva una ligera sorpresa con Mediterráneo. Sorpresa porque uno va con esos malditos prejuicios de los que no se puede deshacer por mucho que uno que se crea que no los tiene. Por eso es complicado enfrentarse a una película así, ¿quién puede ponerse en contra ella? Además, Mediterráneo está ejemplarmente narrada, con mucho pulso y ningún tiempo muerto; además, el problema humanitario está muy bien reflejado, otra cosa es el problema político – el quid de la cuestión – que es donde la película flojea más. La película se centra en la figura de Òscar Camps, intentando, no siempre consiguiéndolo, aflorar una parte oscura y contradictoria en su trabajo de salvamento. Para sorpresa de nadie, Eduard Fernández clava el personaje siendo uno de los motivos del buen emparque final que tiene la película. Pero, a pesar del tema, Mediterráneo es una película más de acciones que de reflexiones. Por eso, lo desdibujado tanto de la parte política como el trazo de algunos personajes secundarios evitan que Mediterráneo dé ese paso adelante para ser “otra cosa”. Pero, seguramente, este nunca fue el objetivo ni del  proyecto ni de Marcel Barrena, que no es un neófito en estas lides, como demuestran 100 metros y Món petit. Mediterráneo existe, y existe bien, con su narración solida y sus efectismos (aunque menos de los que uno esperaba), sin caer en la trampa de la “necesariedad” de las películas. Para resumir, tiene todo el sentido del mundo que Mediterráneo esté nominada al Goya a la mejor película... y, a la vez, no tiene ningún sentido. Quizá la estrambótica decisión de dar/inventar un premio Goya a Cate Blanchett (???) ayude a comprenderlo. Recordatorio: una de las mejores películas del año (españolas o no) como es Espíritu sagrado no ha obtenido ninguna nominación a los Premios Goya.

Hablar de Maixabel es hablar de otra mujer: Icíar Bollaín. La directora, que ha vivido en el cine español desde bien pequeña, ha logrado una más qque solida carrera artesanal dentro de nuestra cinematografía. Y esto lleva a una reflexión aparte. Puede que la todavía (alarmante) ausencia de directoras españolas viene de una cierta idea de lo que es una mujer dirigiendo cine: películas de coming of age, de crecimiento, con una gran carga sentimental... No como técnicas competentes, como mujeres capaces de llevar el proyecto que sea, que no tiene que ser personal ni autobiográfico, a cabo. Seguramente, Bollaín no sea una “autora”, y sé que esto es absolutamente debatible porque solo hay que ver la importancia de los personajes femeninos que pueblan su filmografía. También es probable que la cineasta no me vaya a ofrecer una película que considere el mejor largometraje español del año, pero está claro que su experiencia y su buen hacer, más que demostrado, la hacen una creadora a la que siempre hay que acercarse. Apunte sin ningún interés: mis películas favoritas de Icíar Bollaín todavía siguen siendo Hola, ¿estás sola? y Mataharis.  

La experiencia de Bollaín se nota en Maixabel. Es una película que sabe ser concisa y sobria, sin ser ni mucho menos fría, logrando huir de, quitando uno o dos momentos sin mucha importancia, cualquier efectismo innecesario. Su mirada es compasiva pero no injusta con lo que sucedió. Y aunque uno podría esperar una visión quizá más poliédrica, la película es absolutamente intachable en lo que cuenta y en la generosidad con que lo hace. Esa sobriedad tiene que ver conque, básicamente, es una historia de dos personas, de un plano/contraplano. Con lo cual no le hace falta hacer florituras ni fuegos artificiales. Pero, y aquí viene una diferencia importante respecto a Mediterráneo, que sea una película de dos no quiere decir que se deje de potenciar al resto, y toda una veterana detrás y delante de las cámaras como Bollaín lo sabe. Por ahí aparecen Urko Olazabal – todo un robaescenas y seguramente ganador del Goya al mejor actor de reparto el próximo sábado –, María Cerezuela y, en dos o tres soberbias pinceladas, María Jesús Hoyos para arropar, desafiar y enriquecer a la pareja de Luis Tosar y Blanca Portillo. Y sería injusto no nombrar la labor de Isa Campos, coguionista de Bollaín en esta película y colaboradora habitual de Isaki Lacuesta, que aquí se intuye que ha tenido una labor decisiva en una película que, a primera vista, se antoja muy diferente a sus trabajos habituales. Y aquí volvemos al carácter técnico/profesional de las cineastas, a veces invisibilizado. Respecto a la posible labor de Isa Campo en Maixabel hay que acudir, como es habitual, al estupendo texto de Jaime Lorite en Letterboxd sobre la película.

Aunque Maixabel no es una película que se podría considerar “radical”, tampoco es un trabajo fácil. Todavía es complicado mirar al futuro, sin dejar de recordar el pasado. Las heridas siguen ahí y no todos – aunque cada vez son más minoría – creen en un proceso (doloroso) de reconciliación y paz. El éxito de la película y la casi ausencia de polémica por su temática – pensemos en su estreno en otro año u otra época  – hacen que uno respire de alivio. Y para ello hay que darle su mérito a una Bollaín que aunque no ha hecho una película redonda, pero sí una de las películas importantes sobre ETA, ha salido más que airosa gracias a esa experiencia y sobriedad con la que ha acogido el proyecto.

Estar en contra de Mediterráneo y Maixabel es complicado, aunque a uno la segunda le haya parecido mucho más interesante que la primera. Las dos tocan temas que, aunque a muchos nos parezcan evidentes en su humanismo, siguen siendo problemáticos para otros. Aunque si te parece un problema rescatar a alguien del mar antes de qque se ahogue seguramente el problema lo tengas tú. Las dos saben, en mayor o menor medida, narrar unas historias con las que deberías conectar, sufrir y emocionar. Pero, y aquí estamos con una cuestión más vieja que el propio cine, ¿deben gustarte solo por eso? ¿Por qué son necesarias? Aquí recuerdo algo que creo que dijo Noel Ceballos (que me perdone si no es exacta o no lo dijo él): “Está bien si ves Ladrón de bicicletas porque saldrás mejor persona después de hacerlo, pero si no la ves tampoco pasa nada”.  Lo necesario son resolver los problemas, ser empáticos y humanos, no las películas, que es algo maravilloso de lo que somos afortunados de poder disfrutar. Y si alguien ve Mediterráneo y se acerca a comprender, o incluso a intentar poner su granito de arena para resolverlo, el problema de los refugiados será algo genial, porque hay cientos de maneras de despertar conciencias. Pero no debería hacer falta el cine para comprender el desastre humano que es, porque, al final, tú estás viendo una película en una butaca de cine o en tu sofá. Una película con esta temática te puede emocionar, compungir, despertar... pero también te puede irritar, desesperar o, simplemente, aburrir. No pasa nada, no eres peor persona por ello. Aunque, en este caso, Mediterráneo y Maixabel caen de pie, una mucho más que otra y de manera distinta. A falta de Espirítu sagrado, y otras tantas de corte parecido a las que la Academia ya tiene por costumbre no mirar, y con la decepción de El buen patrón y la fascinante irregularidad de Madres paralelasmea culpa por no haber visto todavía Libertad –, puede que Maixabel sea una digna ganadora del premio Goya, porque otra cosa no, pero dignidad no le falta.

Apunte/Evento: el próximo martes 8 de febrero a las 20:15 estaremos debatiendo sobre la futura edición de los Premios Goya Antonio Sempere, Gonzalo Eulogio, Augusto González y un servidor en la Sede Universitaria Ciudad de Alicante (posible retransmisión en streaming).