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Cerebro natural




 Upstream Color
(Upstream Color)

Una película de Shane Carruth | Estados Unidos | 96 minutos

Intérpretes: Amy Seimetz, Shane Carruth, Andrew Sensenig, Thiago Martins, Juli Erickson, Ted Ferguson, Frank Mosley

Cines: (Madrid) Artistic Metropol (V.O.S.) | | (VOD) Filmin (V.O.S.)

©GoodFilms
El puzzle que nos presentó Shane Carruth era uno de pocas piezas, humilde en sus formas pero diabólico en su lenguaje. En realidad Carruth no pedía que entenderíamos la totalidad de su argumento (algo casi imposible) sino que nos metiéramos tanto en el mundo que había creador que lo que contará importara relativamente poco. Y fue algo que sucedió para gozo de algunos e irritación de otros. Pero todos tenían una duda en mente, ¿ahora qué? El método frio pero absorbente servía para Primer habiendo dejado descolocado a todos pero había una curiosidad (¿duda?) respecto a qué efecto tendría en un segundo proyecto más ambicioso. Una pista es que Shane Carruth haya tardado casi una década en levantar este nuevo proyecto que ahora llega a España (con el vergonzoso retraso ya acostumbrado). Upstream color es una hermana mayor y vitaminada de Primer donde el puzzle de Carruth se hace más grande pero también más apasionante. La narrativa de Upstream color es la misma hermetismo dialogado dejando que las (poderosas) imágenes, el sonido y la música cuenten la historia. Pero la nueva película de Shane Carruth no sólo es un paso más sino una zancada gigante ya que su riqueza es superior a la de su ópera prima. Y va más allá de una simple cuestión de presupuesto o duración de la misma. Es una cuestión de emociones.

Shane Carruth es una especie de dios en sus películas ya que dirige, actúa, compone la música… En cambio en Upstream color hace que su pilar sea el personaje femenino que interpreta Amy Seimetz. Uno podría acusar a Carruth de componer personajes que son marionetas que sólo sirven para poder moverlos a su antojo dentro de su mundo. Con el personaje de Amy Seimetz construye un personaje que vive, sufre (mucho) y que es de carne hueso en una película donde la sensación de irrealidad es permanente. No en vano el personaje que interpreta Carruth no deja de ser una mera comparsa. Eso sí gran parte de mérito lo tiene Seimetz que sabiendo que no puede construir apenas nada con el dialogo y debe moverse rápido por ser la película que es utiliza el instinto para construir un personaje real en este laberinto. Primer era una película relativamente oscura. O por lo menos de casi toda su luz era la luz atenuada de un garaje o de un almacén. Se podría decir que Upstream color sale a la calle, a la luz del sol. Estamos ante una película más luminosa y donde la naturaleza tiene un papel primordial lo que permite a Carruth ir cambiando de tono durante toda la película. Curiosamente eso no convierte la película en un paseo sino en una película más tensa y asfixiante pero también en una cinta hermosa. Porque aunque Upstream color sea una película orgullosamente cerebral también es emocionante no sólo en el aspecto del misterio sino en el humano. Tanto la historia de amor como especialmente la historia de crecimiento personal del personaje de Seimetz encajan perfectamente en este puzzle biológico de Carruth. Por eso es difícil no aplaudir a rabiar a esta experiencia vibrante y con mil y una lecturas que es Upstream color  donde tampoco importa mucho que puedas encajar todas las piezas ya que su meta para el espectador es otra. Una película para ver, debatir durante horas y admirar durante años.

▲: Amy Seimetz y su perfecta mezcla de belleza y pesadilla
▼ : que una película así se tenga que estrenar tarde y de tapadillo


● El espacio interior (Jordi Costa | El País)

Upstream Color combina elementos de ciencia-ficción con melancólico romanticismo, en un conjunto que funde y confunde espacios, tiempos, sonidos y texturas y acaba proponiendo algo parecido a un viaje espiritual con climáticos sacrificios y arriesgados procesos de transferencia
● Diez años después de 'Primer', Shane Carruth sigue sorprendiendo  (Daniel de Partearroyo | Cinemanía)

Lo que empieza como un enigmático thriller de ciencia-ficción conspiranoica encierra una historia de amor de transcendencia malickiana aderezada con bosquejos sobre la vida en comunidad y saltos cuánticos difíciles de asimilar de un solo trago
● De cerdos y hombres (María Adell | Numero Cero)

Podríamos hablar, de hecho, de ‘Upstream Color’ como un filme musical o, al menos, que se construye con la libertad y los ritmos internos, singulares – las fugas o digresiones, las repeticiones obsesivas, la fractura de la melodía - de una pieza musical experimental













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