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Autopista hacia lo freak



Paul 
(Greg Mottola 2011)

Es complicado no tenerle simpatía a Paul. Ya desde el principio se nota que es una película escrita desde el cariño por parte de sus dos protagonistas , Simon Pegg y Nick Frost. En Paul se nota que hay un guión escrito por un par de colegas que ha llevado algunas tardes (y noches) de recuerdos, cultura popular y risas. Por eso no es difícil ponerte del lado de Paul, especialmente de su historia. Pero luego está la película.

Aunque Paul tiene muchos elementos positivos tiene que lidiar con el hecho de que una estupenda broma cómplice entre dos amigos debe convertirse en una película. Y es más en una película de Hollywood. Por eso se echa en falta que Paul consiga con el espectador una complicidad que nos transforme en un miembro de ese dueto que forman Pegg y Frost. Al final Paul queda como una especie de hermano menor de Zombies Party y se nota que en el espectáculo falta un perfecto maestro de ceremonias como hubiera sido Edgar Wright (aunque Greg Mottola hace un buen trabajo). Los guiños a Spielberg y la ciencia ficción (la aparición de Sigourney Weaver no es casual) están bien dosificados asi como el ritmo de una película que siempre tiene nuestra atención aunque no nuestra pasión incondicional. La razón principal es que Paul a veces cae en el recurso de convertirse en una típica road movie cómica de persecuciones que en una película sólida. Curiosamente la estrella de la película (Paul) acaba palidiciendo ante un estupendo reparto humano destacando una emocionante Blythe Danner en un personaje en el que Pegg, Frost y Mottola han sabido capturar la esencia del creyente. We want to believe. Y aunque a Paul se le eche en falta algo más de morro hay motivos para creer en él. 

Lo mejor: es imposible no tenerle simpatía

Lo peor: en momentos se vuelve rutinaria

. El viaje a EE.UU no sienta bien a Pegg y Frost (Beatriz Maldivia, Blog de cine)

Arranca con brío y se va deshinchado según progresa, en su estructura ya consabida y explotada de road-movie, hacia un final bastante convencional

. Un extraterrestre en el que quiero creer (Luis M. Álvarez, Extracine)

Conocedor de que tiene en sus manos un guión excepcional, Greg Mottola no sólo se limita a buscar el encuadre adecuado para cada uno de los impagables momentos a los que se enfrenta un grupo de terrícolas que protegen a un extraterrestre que, más que perdido, ha estado prisionero en la Tierra, sino que sabe enfatizar con sutileza y acierto todas y cada una de las situaciones en las que se ven envueltos, valiéndose de imágenes contundentes, cuando no dispone de diálogos

. Un alien sin censura (Adrián Pino, Llums de la ciutat)

La historia ha sido construida como una alocada comedia de aventuras que nos engancha de principio a fin. Greg Mottola, el director, se muestra hábil presentando a sus personajes y la misión que les ocupa, de modo que uno entra en la película rápidamente y espera con ganas la llegada del alien. Luego todo es un no parar de huidas, encuentros inesperados, peleas y nuevas huidas; en ningún momento se pierde el ritmo y la película se digiere con facilidad

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