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Circo de pequeñas / grandes historias humanas

- El último verano - (Jacques Rivette, 2009)


En El último verano se proyecta de tanto trozos de la actuación de unos payasos de la que nunca vemos el final. Al fin y al cabo retazos de vida. Sin prisas ni excesos Jacques Rivette ha sabido capturar en el tiempo una pequeña y deliciosa historia sobre heridas pasadas. Ambientada en un circo que está más cerca de un teatro de arte y ensayo, Rivette no pretende avasallar con grandes expectativas. Aunque alguien podría entender que El último verano es una película cercana a la pedantería (grandes silencios, mucho espacio, diálogos entrecortados...) en realidad es todo lo contrario. Rezuma naturalidad y humanidad en todo su metraje gracias a la libertad (como es libre su final) que el director concede a estos personajes. Muy importante es la magnifica creación que hacen tanto Sergio Castellitto como Jane Birkin (aunque todo el reparto funciona como un reloj) y que hace que se pueda leer la historia de estos dos personajes sin que digan mucho y dejándolo todo para más adelante (en casi toda la película se dicen hasta luego y no adiós). El último verano no es un Rivette menor pero si pequeño en el buen sentido. Pequeño como ese circo que tan bien filma el director francés y en donde aparecen algunas de las mejores secuencias de esta película. Porque lo pequeño a veces es también lo más cercano y natural. A veces sólo puede serlo un director mayor (Rivette tiene 81 años) que ya le ha ganado la batalla al tiempo.

Lo mejor: ese circo siempre semivacío

Lo peor: que la gente pueda querer respuestas inmediatas


¡Qué placer reencontrarse con una Jane Birkin que muestra el esplendor de sus arrugas sin gota de maquillaje! Y con ese actorazo llamado Castellitto. Ojalá el cine nos diera más a menudo lecciones como ésta, de donde libar  abores y esencias para hacer más llevadero el trayecto por este río de la vida

. Magistral ribete fílmico (Lluís Bonet Mojica, La Vanguardia)

El último verano se aparta de los dilatados metrajes que caracterizaban a Rivette. En esta película impera la concisión y el poderoso influjo, visual y poético, de un consumado creador

. La vida que se desplaza (Quim Casas, Dirigido por)

La película queda impregnada de una profunda melancolía, pero no es, en definitiva, un relato triste. Juega abiertamente a la representación con esos elementos que tan bien maneja Rivette

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