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Crispación de la soledad

- 127 horas - (Danny Boyle, 2010)

No me gusta ser de esos a los que cuando un director de talento tiene éxito (llamemos éxito a Oscars, taquilla...) les gusta acusarlos de “vendidos” y que utilizar esa expresión tan horrible que es “se han vuelto comerciales”. Pero que no me guste ser así no quiere decir que no tenga una sensación extraña (desagradable más bien) al ver 127 horas. Yo fui de esas personas que defendieron a Danny Boyle cuando estrenó una estupenda película llamada La playa y muchos se rieron de ella. Está claro que considero a Boyle uno de los mejores y más vibrantes narradores que hay en la actualidad. Siempre que cuente una historia adecuada a sus características. Cosa que no sucede con 127 horas.

Con 127 horas Boyle se encontraba con un problema. El director no creía suficiente el one man show de James Franco durante casi hora y media y pensó que debía ser aderezado con sus artes cinematográficas. Con lo cual la película se convierte en todo un espectáculo del mejor / peor Danny Boyle. 127 horas se convierte en un show irritante y desquiciante que llega a ridiculizar (de acuerdo lo hace sin querer)  toda la epopeya que sufre el personaje de Aaron Ralston (James Franco). Uno puede entender que Boyle quiera hacernos pasar por el sufrimiento mediante esos excesos (las visiones, el montaje frenético...) pero eso no quiere decir que lo consiga. Mediante un espectáculo videoclipero y descomunal logra la colaboración de sus cómplices A. R. Rahman (una música nada en consonancia con lo que sucede en la pantalla) y Simon Beaufoy para que el espectador no sienta casi ninguna empatía con el personaje de Franco. Y no será por el estupendo trabajo del actor que es el que aporta más honradez en este trabajo. Cuando Boyle intenta calmar su furia descontrolada, Franco logra conectar tanto con su personaje (y su sufrimiento) como con el espectador. Lo que está claro es que Danny Boyle logra su objetivo. 127 horas no aburre en ningún momento aunque en muchos momentos logra algo mucho peor. Crispar a un espectador que en vez de tener el corazón en un puño acaba con la cabeza como un bombo.

Lo mejor: el honrado trabajo de James Franco

Lo peor: Danny Boyle no se corta ni un pelo

. Sobreactuando en la montaña (Joric, Jenesaispop)

Hora y media de juegos de artificio, de lucecitas y colorinchis, cuya única función es “hacer tiempo” para la “gran escena (gore) final”, esa que ha provocado desmayos (o eso dicen) y todos esperamos desde que se produce el conflicto dramático

. Perdido consigo mismo (Carlos Losilla, Cine 365)

No hay descanso, no hay tregua, y cualquier tipo de reflexión nos es negada en una especie de totalitarismo audiovisual que no deja espacio para otra cosa que no sean las filigranas absurdas de Boyle, su exhibicionismo a toda costa

. Atrapado (Sergio Roma, Cinebulosa)

Boyle va construyendo un elegante producto que nos atrapa desde un primer momento, casi desde el primer plano, y a base de una cámara inquieta, una potente e incesante música (A.R. Rahman vuelve a colaborar, además de un sensacional tema de Dido) y la extraordinaria interpretación de James Franco consigue de "127 horas" un estupendo film donde suspense, angustia, drama e incluso comedia se mezclan con la suficiente destreza para poder estar hablando de una de las películas del año

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