A la venta 'Un mundo aparte. 50 visiones cinematográficas sobre la creación literaria' Programa Vivir Rodando 104: José Luis Garci Programa Vivir Rodando 103: Sitges 2018 Breves apuntes sobre Sitges 2018 Programa Vivir Rodando 102: Cómo acabar con la contracultura
0

Mundos paralelos e irregulares

- Franklyn - (Gerald McMorrow, 2008)

Expediente Franklyn. Gerald McMorrow es un tipo con talento que tiene una buena idea. Crear una película donde se unas diversas historias y mundos paralelos confiriéndole un estilo moderno, oscuro y, a veces, gótico. Además uniéndole a la histórica temas como la fe o los traumas de la infancia. En resumen McMorrow se mueve durante todo Franklyn por arenas movedizas. El problema de la película es que da la sensación que el director se cree más listo que los espectadores. Apoyándose en su (innegable) talento visual Gerald McMorrow no sabe con cuales de los diversos mundos (y personajes) de Franklyn quedarse. O con el misterio de caballero oscuro de Ryan Phillipe, el personaje torturado de Eva Green o el halo romántico de Sam Riley. Precisamente Riley es el peor parado de la película y el que menos interesa de todo el metraje.

Con la sensación de que Franklyn es una película (demasiado) personal con un muro dficil de romper hay que reconocerle sus meritos. El primero es el más evidente. Su innegable esfuerzo de producción haciendo que la imaginaria Wheanwile City y Londres sean originales y tengan una especial fuerza arquitectónica. También hay que aplaudir que la película vaya de menos a más y que todas las piezas que McMorrow había colocado a su libre albedrío vayan uniéndose y formando una pieza única. A esto ayuda la fuerza que tiene Eva Green en todos sus trabajos logrando salvar un personaje (casi) imposible. Sólo hay que esperar que en el próximo trabajo de Gerald McMorrow se apoye en un guión más sólido y cercano.

Lo mejor: su aspecto visual

Lo peor: el (a veces irritante) batiburrillo argumental de su primera parte

. Perdidos y hambrientos de fe (Julio R. Chico, La Mirada de Ulises)

McMorrow nos da una de esas películas que va ganando conforme avanza el metraje, que cobra sentido con el tiempo y que se acabarían valorando muchos pequeños detalles en una segunda visión… porque el destino –hay que concederle el beneplácito de lo inverosímil y azaroso– se encarga de que haya lugar para la esperanza

. Estética sin alma (Jordi Battle Caminal, La Vanguardia)

A la que llevamos media hora de excursión onírica, ya tenemos claro que McMorrow, menudo morro, es un pedante que quiere hacer filosofía mezclando thriller psicológico con fábula futurista y bebiendo en fuentes estéticasvarias: una pizca de Dark city,otra de Matrix y, en cascada,ecos del Alan Moore de Watchmen y V de vendetta

. Mareando la perdiz (José Arce, La Butaca)
Pese a que el cineasta se esfuerce en marear una perdiz narrativa sin pies ni cabeza, confusa en grado sumo a pesar de su extrema sencillez ─quizá debido a ello─, un cajón de sastre metafórico y visual en el que se solapan los goticismos industriales de propuestas anteriores y superiores, las extrañas ─por bobaliconas─ puyas a los poderes establecidos y a los estamentos belicistas ─Iraq incluido, por supuesto─ y los desapegos materno/paterno filiales, las amistades rotas y los esquizoides recuerdos de lo que pudo ser y no fue

0 comentarios: