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Balada sucia, enfadada y valiente

- Balada triste de trompeta - (Álex de la Iglesia, 2010)

Para amar Balada triste de trompeta hay que odiarla un poco. Uno debe asumir su incoherencia, sus inconexos saltos temporales y sus puntiagudas aristas. Balada triste de trompeta es fea, sucia, irregular y, hasta cierto punto, desagradable. Y ahí es donde radica su belleza diferencial. A estas alturas del cuento Álex de la Iglesia se encuentra en un punto donde no debe rendir cuentas a nadie. Es un director amado por el público (como los niños a los payasos) y nunca ha tenido que sacrificar su capacidad autoral. Por eso ha llegado a su novena película con ganas de arriesgar sin mirar lo que podrían pensar los demás o, incluso, lo que podría pensar el mismo. Y seguramente quien no entienda eso no pueda disfrutar Balada triste de trompeta.

La película de Álex de la Iglesia refleja los años más complejos y absurdos de nuestro país (guerra civil, dictadura franquista...) Quizá por eso esta película es igual que esos años o que nuestro país. Una locura violenta sin sentido. Ya lo anuncian los excepcionales títulos de crédito de la película donde una serie de fotos de la época son mostradas de forma inconexa. Si nuestro país ha vivido (y en cierta manera vive) en una locura violenta permanente no sería raro encontrar a dos payasos matándose por el amor de una despampanante acróbata. De la Iglesia afea a cosa hecha su película para hacer una historia especialmente física. Se podría pensar que en el guión, De la Iglesia se haya dejado desarrollar más los personajes de Antonio de la Torre, Carlos Areces y Carolina Bang. Pero esta vez eso no importa demasiado. Los tres actores (excelentes, especialmente los dos payasos) hablan con el cuerpo y con sus acciones dementes. Eso crea en el espectador una sensación incómoda durante toda la película queriendo obtener respuestas que De la Iglesia no le va a conceder.

En el fondo para querer a Balada triste de la trompeta hay que odiarla un poco asumiendo que sus defectos van en beneficio de una película extraña, diferente y personal

Balada triste de trompeta no ha llegado para hacer amigos. Es coherente que venga con dos premios de un festival como Venecia ya que podría ser la película de Álex de la Iglesia más festivalera. En ella no ha buscado contentar a nadie creando una obra llena de aristas y que no busca ni la risa fácil ni el aplauso ante cualquier escena virtuosa. Es verdad que sigue siendo una obra del director bilbaino y cuenta con un acabado formal de quitarse el sombrero (su fantástico inicio, ese salto final de Carolina Bang...) además de su fenomenal circo de secundarios (Sancho Gracia, Terele Pávez, Enrique Villén, Manuel Tallafé...) Pero es un De la Iglesia cabreado y sucio. Y esa libertad en un cineasta de tanto talento se agradece mucho. Quizá Balada triste de trompeta haya nacido para el culto tardío más que para el éxito inmediato. 

Lo mejor: la libertad de Álex de la Iglesia para crear

Lo peor: tener que perdonar los agujeros del guión para disfrutarla

. Genio y figura, cuerpo y alma (Carlos Boyero, El País)

Es muchas cosas a la vez, es realista y onírica, comedia y tragedia, documental y lírica, esperpéntica y tenebrosa

. Killer Klowns from Deep Spain (John Tones, Cine 365)

El guión penosamente estructurado da pie a una película llena de altibajos, pero cuando el film apunta alto, es ciertamente estratosférico y, sobre todo, completamente inaudito en un cine a menudo tan proclive a la medianía tonal como el nuestro


Esta historia de melodrama desatado le sirve al cineasta español para mostrar que España es un gran circo. Álex de la Iglesia desestima cualquier atisbo naturalista para dar rienda suelta a todas sus obsesiones en forma de un grand guignol no apto para estómagos con intolerancia a los platos cinematográficos bien sazonados

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