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Infidelidades forzadas

- Chloe - (Atom Egoyan, 2009)

Chloe habla sobre la falta de confianza. Y viendo el resultado final es algo completamente coherente que la película trate estos temas. Hace unos años hubiéramos confiado en Atom Egoyan como director interesante capaz de llevarnos a los lados más oscuros del ser humano. Pero tras algunas aventuras norteamericanas y estrenos fallidos Chloe para confirmar que el director canadiense parece atravesar un bache creativo. Adaptando la película francesa Nathalie X, Egoyan tenia una oportunidad de oro para poder poner sobre la mesa muchas cuestiones como las crisis matrimoniales o la fidelidad en una pareja... Pero Egoyan ni puede ni sabe sacarle el jugo que podía tener la película.

Realizada con un ritmo cadencioso y anticlimática Chloe es más una película cercana a un telefilm de Antena 3 que un preciso estudio de personajes. El film deja la idea que estamos viendo los problemas de un matrimonio pijo con el cual nunca empatizamos. Da igual lo que les pase a los personajes que interpretan Liam Neeson y Julianne Moore. Ni siquiera dos actores (casi) siempre magnificos pueden salvar la desidia que provoca un matrimonio y sus problemas de confianza mutua. Todo resulta artificial en esa pareja (especialmente un Neeson bastante desafortunado) . Es curioso que lo que se salva en un film con nombres como los de Egoyan, Neeson o Moore sea la más joven y “desconocida” del proyecto. Amanda Seyfried se merece ser la titular protagonista de este film porque es lo más interesante de el mismo. Seyfried utliza mente y cuerpo para crear un personaje turbio, ambiguo y fascinante que logra ser el único factor de interés del film. Cuando aparece ella es cuando Chloe logra ofrecer algo distinto al plúmbeo material que ofrece Egoyan.

Al final Egoyan no sabe a que atenerse. Si quiere crear un drama familiar (el absurdo personaje del hijo), una película de alto contenido sexual, una especie de thriller... Y como no se aclara la película sufre demasiados altibajos desperdiciando todos los buenos ingredientes que parecía tener. Al final sólo Chloe (el personaje) sabe lo que hace. Chloe (la película) no se aclara.

Lo mejor: Amanda Seyfried

Lo peor: el poco interés que despierta el matrimonio formado por Julianne Moore y Liam Neeson

. Enigmas y atracciones del corazón (Carles Rull, Cinempatía)

El director armenio-canadiense prefiere en lugar de seguir indagando en los sentimientos más ocultos y secretos de sus personajes dar un giro hacia el thriller con psicópata (o casi), tipo “Atracción fatal”, y haciéndonos temer que la historia decaiga (aunque afortunadamente no llegue a ser así del todo) hacia el lado más facilón y trillado

. Invisibles (Mónica Jordan, Miradas de cine)

Superado el trauma de que por primera vez el director no firme el guión de uno de sus largos, Chloe consigue retratar un ambiente malsano y agobiante gracias a la dirección de arte, en la que los espejos y los elementos translúcidos permiten un visionado exhaustivo del escenario por parte del espectador y, sobre todo, de las dos protagonistas

. La insoportable levedad de Chloe (Luis M. Álvarez, Extracine)

Si Amanda Seyfried sí proporciona el adecuado misterio a su personaje, así como un espontáneo y natural comportamiento obsesivo, no sucede lo mismo con Liam Neeson, que no parece haber invertido mucho tiempo en la preparación de su personaje —-no es excusa que la mayoría de sus apariciones formen parte de los mencionados flashbacks. Pero la que decepciona sobre manera es Julianne Moore, una actriz tan esforzada y empeñada en parecer espontánea y lesbiana, que acaba estando totalmente sobreactuada

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