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Picaresca de cómic

- El grán Vázquez - (Óscar Aibar, 2010)

Siempre creí que el dibujante Francisco Ibáñez debía ser un hombre montado en el dólar que contaría con varios apartamentos, coches o relojes. No podía esperar más de alguien que creo para nuestro país (y parte del extranjero) los personajes más imaginativos, divertidos y exitosos de la historia. El padre de Mortadelo y Filemon debería ser como Stan Lee, una figura casi mítica que tendría que disfrutar del merecido éxito obtenido a cuerpo de rey. El alma se me cayó a los pies cuando en una entrevista realizada por televisión en casa de Ibáñez descubrí la verdad. Su hogar era bastante sencillo y humilde y él distaba de ser el genio millonario que esperaba. Ibáñez se quejaba de tener que trabajar “como un burro” para sacar el trabajo sin obtener los beneficios que merecía el crear casi a diario las aventuras de los personajes del cómic español más famosos de la historia. Si esa situación la sufría el dibujante más exitoso cómo sería la de los demás del gremio. Eso nos lleva a Manuel Vázquez.

El gran Vázquez retrata la vida de Manuel Vázquez, un pícaro moderno que para muchos fue el mejor dibujante de cómics de España. Podríamos pensar que Vázquez fue un producto de la época y que ante la miseria y la injusticia que vivía en su trabajo (¿derechos de autor? ¿eso qué es?) se rebeló intentando vivir de sablazos y timos. Pero, seguramente, Vázquez hubiera sido igual en dictaduras, democracias o tiempos de más bonanza (aunque esos no han existido nunca). Por eso Óscar Aibar enfoca El gran Vázquez como una pura comedia, no sin obviar los elementos trágicos que la vida del dibujante tenía. Pero esos apuntes son tan sutiles que impiden que la película caiga en la falsa lágrima. El gran Vázquez es una comedia hecha con mucha cabeza que funciona como una gran historieta creada por el mismo Manuel Vázquez. Con un fantástico ritmo cómico la película jamás cae en ningún momento y siempre divierte, ya sea con una carcajada o con una sonrisa permanente. Aibar es tan inteligente que logra crear algo cercano e hilarante de una realidad terrible y de un personaje complejo.

A todo eso ayuda el magnífico reparto. No hay que defender más a Santiago Segura. Quizá nunca bordará un Ricardo III (ni falta que le hace) pero hay un tipo de personajes que sólo él puede hacer. Este Vázquez sinvergüenza, cruel pero querido es elaborado con contención y carisma. No creo que hubiera un mejor Vázquez. Y el resto del reparto me ayuda a defender mi tesis de que los actores españoles son los mejores (o casi) del mundo. Enrique Villén (¿le damos ya el Goya?), Álex Angulo, Mercè Llorens, Manolo Solo, Jesús Guzmán...bordan sus papeles. El gran Vázquez es película española y a mucha honra. La recreación de la época (es un placer poder entrar en Bruguera), esos secundarios “robaescenas”, la picaresca española...son elementos que domina perfectamente Aibar en el film. Para algunos sonará a película antigua con tics odiosos pero, en realidad, es completamente moderna. Es un retrato divertido (que no amable), inteligente y perfectamente elaborado de un personaje y de una época donde todo era complicado. Y donde Manuel Vázquez fue un superviviente que vivió a su manera. Lo único triste de El gran Vázquez es darte cuenta que los tiempos no han ido a mucho mejor ya que los genios siguen siendo maltratados. 

Lo mejor: el ritmo que nunca decae y el reparto

Lo peor: se le puede achacar algo de estilo cartón piedra

. Una deuda de amor (Rubén Lardín, Cine 365)

Vázquez era un amoral y un amoral sólo es simpático a cierta distancia, como artista, y es ese alambre el que camina la película y lo hace jugando un humor próximo al de Bruguera, acumulativo, blanco sucio y con fondo de miseria, y toma como opción estética un cuéntame lavado a la piedra

. El último pícaro (Absence, El blog ausente)

La voluntad de El gran Vazquez de ser atractiva para un publico ajeno acaba curiosamente beneficiando a la película (con algún pero a la secuencia final, y que aún así funciona) porque la dota de capas de sutilidad, y eso siempre es elegante. La sutilidad, insisto, resulta clave: es sutil en la manera de enfocar a Ibañez como reverso tenebroso de Vázquez, es sutil cuando plantea el pasado político de Rafael González y de los dibujantes de Bruguera, es sutil en la reivindicación de los derechos de autor e incluso cuando muestra las muchas luces y sombras de un personaje como Vázquez, quizá el último pícaro


Todo ello está narrado con expresividad y matices, sorna y comprensión, retratando las luces y las sombras del muy genuino, miserable, seductor, pícaro y compadecible Vázquez. Santiago Segura está muy bien, tan contenido como eficaz. No es Torrente, es Vázquez. Y da mucho gusto ver a secundarios excelentes (una tradición que afortunadamente no se ha extinguido en el cine español) como Enrique Villén y Álex Angulo haciendo modélicamente su trabajo

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