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Cara a cara: Donde viven los monstruos



Seres inadaptados de este y otros mundos, por Raúl Cornejo



Maurice Sendak sólo necesito nueve frases para lograr que libro, Where the wild things are, fuera todo un fenómeno sociológico en su momento e impactará a un montón de niños estadounidenses. Spike Jonze, ya sin Charlie Kaufman, tampoco necesitaba mucho más para expresar una multitud de emociones con sus poderosas imágenes. Jonze crea una intensa historia en su Donde viven los monstruos sobre la inadaptación social que tenemos todos (o casi todos) en este u otros mundos que haya a nuestro alrededor. Porque en ese universo monstruoso creado por Max para huir de su aburrida realidad se encuentran los mismos defectos de los que huía. La inadaptación no es sólo un comportamiento humano sino que es tan, tan universal que lo podemos hallar donde vayamos. Incluso aunque esos mundos no existan. Porque ese amigo que necesita Max ,en forma de monstruo llamado Carol, no será un escape hacía una realidad más placentera sino la confirmación de que no hay huida para los monstruos internos que tenemos cada uno. Max y Carol descubrirán su incapacidad para ser felices por mucha felicidad que tengan alrededor en forma de madre o de amor secreto.

Y para hablar sobre todo ello Jonze se busca unos cómplices de lujo que acompañen a su tamaño talento. La música de Karen O y Carter Burwell (con pinceladas de lujo de Arcade Fire) y ese milagro llamado Max Records y sin cuyo rostro Donde viven los monstruos no tendría la intensidad que pulula por cada fotograma ayudan a que nos demos cuenta que estamos ante algo especial que necesita de nosotros nuestros cinco sentidos. No es extraño que Donde viven los monstruos hable sobre lo duro que es sentirnos bien en un sitio ya que no es una película fácil. Necesita demasiado complicidad para entrar en su maravillo y oscuro juego y no salir huyendo como hace Max en la película. Pero si comprendes los pensamientos y los miedos de Max y Carol puede ser que esa isla donde viven los monstruos se convierta en un lugar placentero y cómodo donde no sentirte extraño.

. Lo mejor: la capacidad de Jonze para hacer suyo un relato ajeno / . Lo peor: tiene muy complicado encontrar su público

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Chantaje emocional, por Ángeles Gómez



Que esté basado en un cuento infantil mítico de los años sesenta que apenas tiene texto, que Spike Jonze haya tardado cinco años en sacar adelante el proyecto, que la factoría Henson haya invertido creatividad y cariño en hacer que los muñecos de los monstruos nos muestren sus emociones, que el actor principal sea un niño de increíble talento, que la banda sonora sea preciosista y evocadora, que la fotografía de todas las localizaciones roce el clímax estético.

Con todos estos ingredientes si no te emocionas con mi peli es que realmente eres un monstruo. Eso quizá debió pensar el director cuando comenzó esta empresa. De lo que a lo mejor no se percató es que una cosa es el lenguaje visual de un cuento infantil de nueve frases, y otra muy distinta es una película de casi dos horas.

De lo que promete el film al principio cuando se muestran los conflictos en los que vive el pequeño Max a lo que ofrece a partir del momento en que se han presentado los monstruos hay un abismo en el que se estampan las expectativas de los que esperan ver realmente una historia. Que los monstruos tienen serios problemas está muy claro, pero los guionistas, con Jonze a la cabeza, no logran plantear bien cuáles son realmente los conflictos y las motivaciones de los monstruos, lo cual puede provocar aburrimiento y decepción en el espectador. Y claro, si uno no se encuentra en el paroxismo del reencuentro con la infancia y los sentimientos con tal alarde de medios es que es lo peor. Esperemos que nadie se deje llevar por el chantaje emocional de Donde viven los monstruos y que quien quede satisfecho con el resultado no sea porque haya llevado a la taquilla un maletín lleno de trajes nuevos del emperador con números no correlativos.

. Lo mejor: la factura visual / . Lo peor: su falta de guión en la parte central de la película

* Ángeles Gómez es la creadora del programa "Y si no, nos enfadamos"

. Una obra entrañable que carece de la suficiente empatía (Alberto Quintanilla, Pasión por el cine)

. Salvajemente inocente (Sergio Roma, Cinebulosa)

. Imaginar, crecer... (Beatriz Martínez, Miradas de cine)

2 comentarios:

Anónimo

Veo que has encontrado una colaboradora para la bitácora, ¡genial!, siempre viene bien que nos den una patada en nuestros gustos, o al menos una visión diferente donde comparar nuestras opiniones.

Pabela

Justamente ayer la vi y me pareció bellísima. No concuerdo para nada que sea manipuladora desde lo emocional.Puede gustar o no, es cierto pero creo que el guión es tan sólido como su factura visual.