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Finales de cine: Lost in Translation. Bill Murray despide a Scarlett Johansson...y al 2008



Las personas que lograron ver clásicos indiscutibles como El apartamento, Centauros del desierto o Con la muerte en los talones en el momento de su estreno y en pantalla grande son personas afortunadas. Pero yo también me considero una persona con suerte por haber visto en el cine lo que, para mí, son clásicos contemporáneos que pasaran a la historia como Zodiac, Brokeback mountain u ¡Olvidate de mí! . Son films que sabes que son especiales, únicos y que sabes que es un privilegio poder verlos en el momento de su estreno. Esa sensación tuve con esa maravillosa historia de amistad, complicidad y, quizá, amor que rodó Sofia Coppola, llamada Lost in Translation. Y es especial por muchos motivos, uno de ellos su final. Sencillo, emotivo y perfecto como pocos.

Debo reconocer una cosa. Aunque salí entusiasmado de ver Lost in Translation la primera vez que la ví no me convenció su final. Pensé que una película tan extraordinaria no debía tener un final tan soso. Cometí un error mayúsculo y me dí cuenta al verla al año siguiente. Una escena tan sencilla como esa es tremendamente compleja, por lo que cuenta y lo que no, por lo que se ve y lo que no. Tenemos el rostro emocionado de Scarlett Johansson (nunca estuvo ni estará tan hermosa como aquí), el porte digno de Bill Murray, el susurro que le dice él a ella, la multitud que pasea sin mirarse a la cara, la inmensidad de Tokio y la canción... ay, la canción. Este final, e incluso todo Lost in Translation, no sería lo mismo sin el ritmo ni la música de The Jesús and Mary Chain y su Just like honey. Podemos quedarnos con algún detalle del final o con todo. Eso da igual, porque Coppola nos deja elegir. Como no sabemos que es exactamente la relación entre Murray y Johansson tampoco debemos saberlo todo. Sofia Coppola sólo nos muestra sentimientos y sensaciones, el resto es para nosotros. Por eso Lost in Translation es más que una película. Es un conjunto de sensaciones embutidas en un film arrebatador y sensacional con un final a la altura de esas emociones.

Y como Bill Murray despide a Scarlett Johansson yo despido este año 2008. En realidad todo esto es anecdótico. El 31 de diciembre a las 23:59 es el mismo día que el 1 de enero a las 0:00. Pero si le ponemos de fondo Just like honey y pensamos en el rostro de Scarlett Johansson seguro que es algo especial. Por eso le podemos susurrar a 2008, gracias y hasta la próxima.

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